SUS ÚLTIMOS DÍAS


Sus últimos días fueron un misterio.
A veces recordaba esos rostros que la rodeaban
con cierta familiaridad y nostalgia,
Por momentos venían a su mente
esas mismas caras preocupadas
pero transformadas en sonrisa.
Algunos días despertaba aquejada por dolores
que ni siquiera le daban tregua para pensar,
otros en cambio abría los ojos 
y se sentía reconfortada al mirar por la ventana,
y ver el azul del cielo
transformado en consuelo.
Por momentos se veía a si misma corriendo
y riendo por entre medio
de los cañaverales del ingenio,
El aroma a bagazo,
la rectitud materna
y la compañía infaltable de sus hermanos.
De pronto se veía asombrada ante la larga cabellera
de una india maciza
que peinaba sus pelos eternos
con cierta parsimonia.
Luego volvía a dormirse
y despertaba sumergida en uno tacho de su tamaño
en medio de risas de carnaval
con aroma a albahaca
suplicando a su amado que la sacara de allí,
que ya se había mojado, que ya no quería jugar.
Luego, el dolor,
la anestesia que la dopaba,
el olor a enfermedad,
las ganas de irse de una vez por todas.
Pero en el fondo no quería irse,
quería escapar a un paraíso
que se encontraba a pocos kilómetros,
el lugar que le daba paz,
la galería que daba sombra,
que la cobijó para ver mil atardeceres
llenos de mate y de historias repetidas,
la tierra donde vivió el amor más puro,
ese mismo lugar en donde el tiempo no pasaba.
Allí a donde la comida tiene otro sabor,
y el cielo parece estar más cerca.
Después, una enfermera llegaba a preguntar cómo estaba,
y la miraba con cierta lástima.
Dormía y se despertaba
para hacer algún chiste, una broma,
quizás en la iglesia
para rezar un Padrenuestro,
para ayudar a algún alma necesitada.
Sus últimos días fueron un misterio,
pero los vivió con intensidad,

como vivió su vida.

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