PRISIONERA


Ella llevaba sus carencias
con dignidad.
No solo la material,
sino también la espiritual y la afectiva.
Esta ultima era la que
más le costaba,
pero la que más dependía de ella.
Pues no le faltaba
el amor de otros
sino el amor que
su corazón le pedía sacar,
y en cada latido gritaba
por escapar de esa prisión.
Pero ella también estaba prisionera
de sus propios miedos,
de sus inseguridades.
Y el único rehén
que tenía en su poder
era el mismo que
le permitía vivir.

Ese era su dilema.

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